Espejos

Hace un par de días fuimos a una exposición llamada “Las ilusiones” y una de las que me llamó más la atención fue una donde había una pared divisoria con un hueco en la pared que hacía de “espejo” y una persona se ponía de un lado y la otra del lado opuesto y cuando tomabas la foto de un ángulo, podías ver el cuerpo de una con la cara de la otra persona que se encontraba del lado opuesto de la pared.

Esto me hizo recordar cómo en la vida, las personas que encontramos y con las cuales nos relacionamos son espejos, cada persona refleja aspectos de nosotros mismos, pueden ser aspectos que reflejen amor, compasión, ternura, inclusión y otras veces pueden reflejar rechazo, miedo, rabia u otras emociones contractivas que se encuentran en nuestra psique.

En Transpersonal y según la psicología analítica de Carl Jung, la sombra representa el lado oscuro de nuestra personalidad, son esos rasgos y actitudes que el yo consciente no reconoce como propios y al reprimirlos los proyecta en el afuera.

Esas personas que tanto nos disgustan, que nos producen rechazo y emociones contractivas están allí para ayudarnos a integrar partes de nosotros mismos, nos invitan a ser más compasivos, más amorosos y más inclusivos con esas aspectos de nuestra psique que lo único que piden es ser reconocidas, sanadas y transformadas.

Lo mismo sucede con eso que admiramos tanto del otro, en el fondo, eso mismo que admiras se encuentra dentro de ti, lo que se denomina como la Sombra Dorada.

Cuando empezamos este viaje de inclusión, de darnos la oportunidad y el espacio de hacer este trabajo de integración y transformación, podemos llegar a estados de paz, de amor, de compasión de forma natural ya que partes de nuestra psique dejarán de estar en conflicto entre sí, disolviendo la culpabilidad inconsciente, sintiéndonos más plenos, más conectados con la vida y con aquellos que nos rodean, viviendo la vida desde el Yo adulto, desde la presencia y soltando actitudes infantiles y de víctima.

Poco a poco iremos proyectando cada vez menos, pudiendo ver con más claridad al otro cómo alguien integro y digno de nuestro respeto, y por consecuencia nos percibiremos a nosotros mismos de la misma forma.

Te invito a hacer el siguiente ejercicio de inclusión con ese otro que te produce rechazo:

Tomate unos minutos para centrarte, ponte de pie, haz 3 respiraciones, posiciona tu atención en tu corazón y visualiza esa persona que te produce rechazo de frente tuyo y dite a ti mismo con intención:

“Estoy determinado a ver esta persona de forma diferente”

Dile a esa otra persona que visualizas de frente tuyo:

“Te acepto tal cual como eres, te honro, tu por ti y yo por mi, y ahora me abro a recibir las enseñanzas que este vínculo tiene para mi”

Deja que tu intuición te guíe durante este ejercicio, no uses el raciocinio y abrete a recibir. Si te dejas llevar, te sorprenderás de la información clarificadora que puede llegar a tu consciencia.

Que tengas un hermoso día

Bendiciones

Previous
Previous

La práctica de la Rendición

Next
Next

El Padre y el linaje Masculino